¿Y qué es el tiempo? -le preguntó el niño al más anciano de la tribu. El
tiempo, hijo, es algo que pasa sin que ni tú ni yo podamos verlo. Jamás
conseguirás contemplarlo y mucho menos detenerlo. Un soplo de aire que
transforma el presente en recuerdo y el futuro en algo incierto.
Desconfía de los que intenten hacerte creer que pueden manejarlo, pues
no hay sometimiento más evidente que el de toda materia al paso
incesante del tiempo. Pero desconfía tanto o más de los que traten de
inculcarte que el tiempo se mide en horas, años o segundos pasajeros,
porque el tiempo, amigo mío, no se mide sino viviendo. Cuantificarlo es
perderse en verlo pasar, cuando lo importante es saber que pasa y
poderlo aprovechar. Tiempo es madurar, crecer, experimentar; sentir que
todo avanza y siempre hay algo nuevo por llegar. Apresúrate y disfruta
porque el tiempo también es un ladrón que se va llevando instantes que
ya jamás podrás recuperar. No abandones tus sueños y entrégate con el
alma en cada actividad, porque igual que el invierno llega, se queda y
más tarde se va, el tiempo hace lo mismo y sin parar. Pero si hay algo
que no debes olvidar es que el tiempo es un invento humano creado para
poder clasificar, ante el miedo que nos da sabernos seres eternos sin
principio ni final.